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martes, 15 de abril de 2014

EL PILAR DE LA NAVA

Un peirón es una estructura arquitectónica de forma monolítica, advocada generalmente a uno o varios santos, que se sitúan en los márgenes de los caminos, a la entrada de los pueblos, o bien en el centro de los mismos pueblos( plazas mayores que también generalmente se corresponden con cruces de caminos) o en algún caso excepcional en sitios de carácter estratégico o simbólico como la altura de un cerro o un monte, o un lugar donde se ha celebrado un acontecimiento histórico de significación. Debemos señalar la gran variedad arquitectónica de los mismos, tanto en formas constructivas como estilos, constatando por ello su pervivencia en el consciente colectivo prácticamente hasta nuestros días ya que se han mantenido hasta la época actual y en algún caso se han hecho de nueva planta en estos últimos veinticinco años. Esta pervivencia tan fuerte en el consciente colectivo es realmente significativa y nos lleva a preguntarnos sobre su origen y significado. Se ha hablado de la tradición grecolatina de colocar piedras alrededor de unas estructuras similares que se colocaban a la entrada de las poblaciones o en los cruces de los caminos como rito de purificación o dadiva hacia Mercurio, dios de los caminos. Por ello encontraríamos una fácil conversión del rito hacia el cristianismo posterior considerando que la pervivencia del mismo estuviera fuertemente arraigada en la población. También se ha hablado sobre su función orientativa respecto al caminante, indicándole en que punto o con qué referencia debía seguir el camino adecuado cuando había un cruce de varios itinerarios. De la función purificadora respecto al intruso que llegaba a una población, guardando a los habitantes de los males que pudieran entrar, no sólo por parte de los caminantes sin también del Maligno. De la función santificadora respecto al lugareño que abandonaba el pueblo y se dirigía al campo, que espiritualmente estaba más desprotegido. Pero uno de los datos que más nos debe llamar la atención es su distribución geográfica. Aunque hay estructuras arquitectónicas que en algún caso se han querido referenciar como similares ( cruceiros, humilladeros…) lo cierto es que encontramos su localización casi en exclusiva a lo largo del Sistema Ibérico, tanto en la parte aragonesa como en la castellana, por lo que nos lleva a pensar en algún tipo de tradición o acontecimiento histórico que aglutinara todo este territorio, y desde luego no es desdeñable la pervivencia de algún rito de tipo celtibérico a lo largo de la historia, que se asimilara sucesivamente a las deidades romanas o al culto cristiano.




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